lunes, 22 de octubre de 2012
Almena (“…he besado cada plomo con que mato y con que muero…” S.R.)
La lluvia ha borrado todos los resabios de mi castillo de arena. Pasaron suaves y lánguidas las gotas arrasando con dulzura cada grano de arena que las olas de invierno no supieron arrastrar.
Aquellas, mis ventanas al pantano, a la fosa, al bosque menos transitado, al Este menos conocido y a un pasado de linajes más olvidado, aquellas, mis ventanas se cerraron, con el paso absurdo de el agua desbordante del cielo.
Mi castillo, en la moribunda pelea por irse quebrando en ruinas antes del escombro, desteñía piedras toscas, azulejos finos, y espejos con formas de amor, perseguía tu cara pintada de salmón en un cuarto con una sola salida de la cama, con una mano que en secreto me usurpa mis dones de varón, mi castillo es simple y cobarde.
Mi castillo te desea desnuda en cada habitación de su Torre del homenaje, mi castillo es simple, es fácil, mi castillo es esa penuria de sillones vacíos y sexo entre minutos asediados.
Mi castillo es un niño que recién despierta, una mano húmeda en una cama sin sábanas, mi castillo es tan puta como la velocidad de tu desnudez, mi castillo se vuelca dentro de tus cauces y no pide reprimendas…mi castillo es eso, un abroquelado recuerdo desdibujado en la blanda arena del mar.
Mi castillo te pide y te nombra. Te pide perdones en capillas mal empotradas en la historia.
Mi castillo antes de la batalla te reza, durante te maldice y luego te llora… mi castillo es eso, un abroquelado recuerdo desdibujado en la blanda arena del mar.
jueves, 5 de julio de 2012
Vivo solo por necesidad, me masturbo por obligación, tomo vino por placer, hago silencio por ignorante, escucho por simple, trabajo por caprichos externos, pienso sin quererlo, canto porque amo, toco la guitarra porque me lo pide, la beso con licencias, la detengo entre mis piernas hasta sudar y pedirnos basta!
Amo lo que canto, pero deje de amar casi todo, postulo mis principios sin vacilaciones absurdas hasta conmemorar mis contradicciones, soy lo que soy gracias a mi viejo, y soy lo que él hubiese deseado no ser, soy una mujer por momentos, un niño siempre y un hombre cuando me solicitan en administración.
Sufro los atardeceres sin vos, hasta sufro cuando me preguntan si te amé mucho, sufro una indiferencia caucásica de pechos suaves, sufro que no entiendas lo que amo, ni lo que vivo, ni lo que sufro. Sufro que no escuches mis canciones, sufro que solo entiendas mis miedos.
Algún día desnuda en una cama, después de haber sido amada sentirás mi olor y alguien te preguntara en que pensás…y le dirás mirándote la panza…en nada, en nada!
lunes, 5 de marzo de 2012
El Estudiante
"...construir implica vestirse de aventurero divisor de "como quedara". El espacio muerto y vacio de la nada se empapa de deseo de ser invadido por uno, o más "hacedores" de historias con cemento, ladrillos, palabras y puteadas...por eso hoy, desde "dichosdecallejon" abrimos el portón de la ignominia presentando a Aureliano...virtuoso hacedor de historias y patriarca en soledades y desdenes...a disfrutarlo..."
Lachirinos
Metro sesenta y tantos, pelo castaño y ojos marrones.
En su país esa era una descripción común; en cada esquina de cada cuadra de cada barrio de cada ciudad se podían encontrar muchachos de 18 años como él que respondían a esa descripción.
Sin embargo, él, sentado en ese porche, , fumando ese cigarro, respirando ese fresco primaveral, se sentía único. Especial. Al igual que el resto de los jóvenes que tenían esas mismas características, y a tantas otras.
“El mal del siglo 21” pensó mientras sonreía. El programa periodístico de trasnoche ronroneaba en esa tele Metz modelo 82 adentro de la casa y su cabeza volvía a las clases de literatura de sexto en las cuales había sido instruido sobre el mal del siglo XX, romanticismo, búsqueda existencial y tantos otros temas, apenas trascendentes en su presente y fundamentales en su cabeza.
Varias veces deseo poder escribir, pero escribir de verdad. Tener ese poder de escritura que hace que las cabezas cambien, que los hombres actúen, que las estructuras se rompan.
“Cada vez mas únicos y mas iguales” pensó, y ya no sonrió mas.
Nunca entendió a la gente, sus costumbres, sus posturas ni sus acciones. Siempre se sintió un fantasma, deambulando por ahí, ajeno a todo y sin sentir, como rezaba una canción no tan popular de un conjunto popular de su país. Bah, una vez había sentido, pero no iba a cometer el mismo error dos veces.
Justamente esa sensación de no pertenencia era lo que lo hacia sentirse cada vez mas parte de su sociedad. De esa sociedad.
Porque, al fin y al cabo, si todos somos diferentes, nadie es diferente, ¿no?
Esa sensación de diferencia era lo que lo separaba y lo ataba a los demás. Lo hacia libre y lo encadenaba a ese suelo absurdo al que había sido implantado.
Pensó en un buen final para un cuento que quería escribir.
No se le ocurrió nada, prendió otro pucho.
Sonreía.
Por Aureliano
Lachirinos
Metro sesenta y tantos, pelo castaño y ojos marrones.
En su país esa era una descripción común; en cada esquina de cada cuadra de cada barrio de cada ciudad se podían encontrar muchachos de 18 años como él que respondían a esa descripción.
Sin embargo, él, sentado en ese porche, , fumando ese cigarro, respirando ese fresco primaveral, se sentía único. Especial. Al igual que el resto de los jóvenes que tenían esas mismas características, y a tantas otras.
“El mal del siglo 21” pensó mientras sonreía. El programa periodístico de trasnoche ronroneaba en esa tele Metz modelo 82 adentro de la casa y su cabeza volvía a las clases de literatura de sexto en las cuales había sido instruido sobre el mal del siglo XX, romanticismo, búsqueda existencial y tantos otros temas, apenas trascendentes en su presente y fundamentales en su cabeza.
Varias veces deseo poder escribir, pero escribir de verdad. Tener ese poder de escritura que hace que las cabezas cambien, que los hombres actúen, que las estructuras se rompan.
“Cada vez mas únicos y mas iguales” pensó, y ya no sonrió mas.
Nunca entendió a la gente, sus costumbres, sus posturas ni sus acciones. Siempre se sintió un fantasma, deambulando por ahí, ajeno a todo y sin sentir, como rezaba una canción no tan popular de un conjunto popular de su país. Bah, una vez había sentido, pero no iba a cometer el mismo error dos veces.
Justamente esa sensación de no pertenencia era lo que lo hacia sentirse cada vez mas parte de su sociedad. De esa sociedad.
Porque, al fin y al cabo, si todos somos diferentes, nadie es diferente, ¿no?
Esa sensación de diferencia era lo que lo separaba y lo ataba a los demás. Lo hacia libre y lo encadenaba a ese suelo absurdo al que había sido implantado.
Pensó en un buen final para un cuento que quería escribir.
No se le ocurrió nada, prendió otro pucho.
Sonreía.
Por Aureliano
Liquidación por cierre
Las tormentas, todas ellas, me recuerdan como por obligación a esas tardes en el pasto. Prendido a tu cintura después del naufragio, soportando el embate de las olas y el frío gélido del mar.
Al pasto de cualquier lugar, incluso pasto de cemento, pasto de muros donde se hace el amor cuando pendejo, pasto de horas de música en silencio, pasto de colchón, marihuana y vino tinto, chocolate, manos firmes y siluetas de atardecer.
Pero solo cuando hay tormenta me pasa esto…el resto de las jornadas pesan. Acuestan mi semblante hasta putear al borde del lagrimeo, jornadas donde recuerdo vagamente lo que soy, muy fuerte lo que fui, y ganas de recordar lo que nunca seré.
Allá, en aquel pasto, las vísceras no hieden, las esperas son deliciosas y siempre hay hembras o machos dispuestos a satisfacer los más bajos instintos debajo de las cinturas. En aquel pasto el “te amo” te lo dibujaba con saliva en la espalda, el te amo no se decía a menos que hubiese tormenta y tus mejillas hinchadas pegaran contra el ventanal a la playa…en aquel pasto todos tus pechos se desviven por ser besados, todas tus manos abrazan algunas de mis caricias, en aquel pasto todos tus deseos son los míos, se cagan de risa de lo bueno y lo malo, se hartan de esperar y se aman sin preguntar ¿por que? ni ¿cuándo?...
Aquel pasto te lo llevaste pegado en tus zapatillas, y ahora sabremos que desparramas tramos de esta historia cada vez que chancleteas por tu cuadra.
Pero solo cuando hay tormenta…como hoy!!!
Al pasto de cualquier lugar, incluso pasto de cemento, pasto de muros donde se hace el amor cuando pendejo, pasto de horas de música en silencio, pasto de colchón, marihuana y vino tinto, chocolate, manos firmes y siluetas de atardecer.
Pero solo cuando hay tormenta me pasa esto…el resto de las jornadas pesan. Acuestan mi semblante hasta putear al borde del lagrimeo, jornadas donde recuerdo vagamente lo que soy, muy fuerte lo que fui, y ganas de recordar lo que nunca seré.
Allá, en aquel pasto, las vísceras no hieden, las esperas son deliciosas y siempre hay hembras o machos dispuestos a satisfacer los más bajos instintos debajo de las cinturas. En aquel pasto el “te amo” te lo dibujaba con saliva en la espalda, el te amo no se decía a menos que hubiese tormenta y tus mejillas hinchadas pegaran contra el ventanal a la playa…en aquel pasto todos tus pechos se desviven por ser besados, todas tus manos abrazan algunas de mis caricias, en aquel pasto todos tus deseos son los míos, se cagan de risa de lo bueno y lo malo, se hartan de esperar y se aman sin preguntar ¿por que? ni ¿cuándo?...
Aquel pasto te lo llevaste pegado en tus zapatillas, y ahora sabremos que desparramas tramos de esta historia cada vez que chancleteas por tu cuadra.
Pero solo cuando hay tormenta…como hoy!!!
domingo, 4 de marzo de 2012
No viniste a pensar...vestida nadie socava tu pelo claro.
No existe redención posible para los vejámenes que te cometería.
No se explica en horas la condena que recibiré cuando hunda mis dientes en tu pecho, en tus nalgas, cuando hunda mis dientes en cualquier almohada que te tapuje la boca. Nadie, ni siquiera en el cielo mismo perdonarían mis horas de lujuria y deseo desparramadas en tu cuerpo. Caeré tan bajo en las escalas de la decencia que me dará vergüenza soltarte las caderas. Marcaré tu espalda con nuestro sudor, y la lagrima será esa lluvia tan fría que besaras de mi pecho…cada racimo de orgasmos zumbaran en tu cuerpo semanas tras semanas aflojando tus manos flacas y finas, olerás tu pelo con mi semen y fingirás que no te gusta…que te da asco.
Aborda mi vida el aroma a pino empapado que levanta un sol profundo tras la madrugada fría. Mi habitación se baña de verano, de calor, de semillas, de música de álamos jugando con el viento. Mi habitación se queja…
No existe redención posible para los vejámenes que te cometería. Ayer te ví. Estoy seguro que jugabas entre los demás a verme caminar, a ver si deseaba otros cuerpos, si me moría con algunas otras piernas, con otros pechos, con otras caritas. Mirabas escondida entre varones, que después destratarás sentada desnuda al borde de mi cama, como bamboleaban tus ganas en mi boca…
Lo se…estabas ahí…tu deseo me tocaba la espalda, me provocaba, me mojaba las yemas de los dedos para que las pasara por tu cuerpo…te desnudabas a escondidas y tu olor me gritaba.
El final llegó…te ganó el color de verano y saliste por la puerta como si nunca te hubiese pasado nada. Emprendiste viaje, llegaste, te miraste extrañada y allí estabas…con la camisa desprendida, sudando y tus manitos flacas aún apretaban mis hombros.
No se explica en horas la condena que recibiré cuando hunda mis dientes en tu pecho, en tus nalgas, cuando hunda mis dientes en cualquier almohada que te tapuje la boca. Nadie, ni siquiera en el cielo mismo perdonarían mis horas de lujuria y deseo desparramadas en tu cuerpo. Caeré tan bajo en las escalas de la decencia que me dará vergüenza soltarte las caderas. Marcaré tu espalda con nuestro sudor, y la lagrima será esa lluvia tan fría que besaras de mi pecho…cada racimo de orgasmos zumbaran en tu cuerpo semanas tras semanas aflojando tus manos flacas y finas, olerás tu pelo con mi semen y fingirás que no te gusta…que te da asco.
Aborda mi vida el aroma a pino empapado que levanta un sol profundo tras la madrugada fría. Mi habitación se baña de verano, de calor, de semillas, de música de álamos jugando con el viento. Mi habitación se queja…
No existe redención posible para los vejámenes que te cometería. Ayer te ví. Estoy seguro que jugabas entre los demás a verme caminar, a ver si deseaba otros cuerpos, si me moría con algunas otras piernas, con otros pechos, con otras caritas. Mirabas escondida entre varones, que después destratarás sentada desnuda al borde de mi cama, como bamboleaban tus ganas en mi boca…
Lo se…estabas ahí…tu deseo me tocaba la espalda, me provocaba, me mojaba las yemas de los dedos para que las pasara por tu cuerpo…te desnudabas a escondidas y tu olor me gritaba.
El final llegó…te ganó el color de verano y saliste por la puerta como si nunca te hubiese pasado nada. Emprendiste viaje, llegaste, te miraste extrañada y allí estabas…con la camisa desprendida, sudando y tus manitos flacas aún apretaban mis hombros.
jueves, 19 de enero de 2012
Sentado firme...
Ayer soñaban las caracolas con ojos entreabiertos.
El sol calentaba diminutas horas de placer colgadas de sus parcos caparazones, y la arena jodía aún más,que el viento en sus rostros magullados.
Saladas las aguas, el hervidero era un putero de nenas floriponas llevadas de la mano por la macoña.
Salían a pispiar en el horizonte un buque pesquero que las confundiera con salmones a estas pequeñas caracolas gigantes y asi cambiar la suerte y morir en algun plato blanco de dimensiones exageradas.
En la desintoxicada pradera de olas perfectas, los culos bailaban llevados por el chill out,comprobando asi, que las comillas son sombrillas para explosiones… a veces dejaban de jugar por perder el juego ante el miedo de la tarde. Cada una lloraba en silencios largos ante losmeditantes externos del bullicio veraniego.
Me tope con las caracolas.
Todas coloridas con formas de veneno, con círculos concéntricos a la desesperación, sínodos de alta mar velaban impacientes la hora de la aurora y los hombres, los mortales menos mixtos que Calixto, deseaban menos amor cortés y desnudar fresas a mordiscos.
Estrellas rellenas de cielo cayeron en la noche alfombrada de oscuridad. Todos giraron las cabezas agradeciendo las horas de sol, desvirgando ojos de luna cuarto menguante para poder fornicar con por lo menos, el consentimiento de algún Dios.
Los mendrugos de cuerpos y deseos caían frente a las caracolas, que excitadas por la noche carcomían su caparazón con vulvas comestibles y reflejos de amor…reptaban zigzagueando la desidia, se alborotaban antes de pararse, y los miembros jugaban misterios.
La luna, tan puta como cualquiera de nosotros, nos miraba deseosa, pronta para bajar vestida de blanco entre la espuma, la arena y yo…
Y fue así que nos acostamos…yo con ella, el cielo sin luna y las caracolas mutadas en hembras solo y solo si, hasta que saliera el sol.
El sol calentaba diminutas horas de placer colgadas de sus parcos caparazones, y la arena jodía aún más,que el viento en sus rostros magullados.
Saladas las aguas, el hervidero era un putero de nenas floriponas llevadas de la mano por la macoña.
Salían a pispiar en el horizonte un buque pesquero que las confundiera con salmones a estas pequeñas caracolas gigantes y asi cambiar la suerte y morir en algun plato blanco de dimensiones exageradas.
En la desintoxicada pradera de olas perfectas, los culos bailaban llevados por el chill out,comprobando asi, que las comillas son sombrillas para explosiones… a veces dejaban de jugar por perder el juego ante el miedo de la tarde. Cada una lloraba en silencios largos ante losmeditantes externos del bullicio veraniego.
Me tope con las caracolas.
Todas coloridas con formas de veneno, con círculos concéntricos a la desesperación, sínodos de alta mar velaban impacientes la hora de la aurora y los hombres, los mortales menos mixtos que Calixto, deseaban menos amor cortés y desnudar fresas a mordiscos.
Estrellas rellenas de cielo cayeron en la noche alfombrada de oscuridad. Todos giraron las cabezas agradeciendo las horas de sol, desvirgando ojos de luna cuarto menguante para poder fornicar con por lo menos, el consentimiento de algún Dios.
Los mendrugos de cuerpos y deseos caían frente a las caracolas, que excitadas por la noche carcomían su caparazón con vulvas comestibles y reflejos de amor…reptaban zigzagueando la desidia, se alborotaban antes de pararse, y los miembros jugaban misterios.
La luna, tan puta como cualquiera de nosotros, nos miraba deseosa, pronta para bajar vestida de blanco entre la espuma, la arena y yo…
Y fue así que nos acostamos…yo con ella, el cielo sin luna y las caracolas mutadas en hembras solo y solo si, hasta que saliera el sol.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Botones blancos de bluza azul que perdiste debajo de mi ropa interior.
A veces entiendo las cosas con cierta lentitud, mejor dicho con cierto "delay". Cuesta hacerse entender con pocas palabras que no prejuzguen la idea inicial de la comunicación. Romper con lo funcional de la materia y ponerse un segundo a disfrutar con lascividad el tiempo muerto, el tiempo de los silencios rítmicos de la nada, sería ponerse un segundo en la piel del placer mismo. Disfrutar del placer, de sentirlo…
Por momentos se me cierran los ojos, me duermo en la lengua absurda de hacerse explicar para un auditorio incrédulo de los quehaceres de un pagano. Por momentos me pesa la piel y me arden las manos de besarte, me arden los labios de tenerte, de poseerte, de lamerte, de hacerte. Por momentos me olvido quienes éramos antes de eso que nos calificó como amantes sin saber que la censura es más lícita enredados en sudor.
Ahora me río, se planteó el desorden de mis notas como un defecto del creador. Se analiza tanto “forma”, se piensa con cabeza “circo” banalizando ambos conceptos puestos en las bocas pequeño burguesas…que saltar, salirse, pensarse y quererse…masturbarse, dormirse, aislarse, sufrirse…en las horas donde me mojás las manos, sería estúpido…
Por momentos siento que la película pasa más rápido de lo que puedo ver, de lo que puedo entender…por esta razón mis horas llenas de nada las vació allí donde los cordones de las veredas esperan una cena romántica de pan con leonesa y coca de litro.
Por momentos se me cierran los ojos, me duermo en la lengua absurda de hacerse explicar para un auditorio incrédulo de los quehaceres de un pagano. Por momentos me pesa la piel y me arden las manos de besarte, me arden los labios de tenerte, de poseerte, de lamerte, de hacerte. Por momentos me olvido quienes éramos antes de eso que nos calificó como amantes sin saber que la censura es más lícita enredados en sudor.
Ahora me río, se planteó el desorden de mis notas como un defecto del creador. Se analiza tanto “forma”, se piensa con cabeza “circo” banalizando ambos conceptos puestos en las bocas pequeño burguesas…que saltar, salirse, pensarse y quererse…masturbarse, dormirse, aislarse, sufrirse…en las horas donde me mojás las manos, sería estúpido…
Por momentos siento que la película pasa más rápido de lo que puedo ver, de lo que puedo entender…por esta razón mis horas llenas de nada las vació allí donde los cordones de las veredas esperan una cena romántica de pan con leonesa y coca de litro.
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