lunes, 22 de octubre de 2012
Almena (“…he besado cada plomo con que mato y con que muero…” S.R.)
La lluvia ha borrado todos los resabios de mi castillo de arena. Pasaron suaves y lánguidas las gotas arrasando con dulzura cada grano de arena que las olas de invierno no supieron arrastrar.
Aquellas, mis ventanas al pantano, a la fosa, al bosque menos transitado, al Este menos conocido y a un pasado de linajes más olvidado, aquellas, mis ventanas se cerraron, con el paso absurdo de el agua desbordante del cielo.
Mi castillo, en la moribunda pelea por irse quebrando en ruinas antes del escombro, desteñía piedras toscas, azulejos finos, y espejos con formas de amor, perseguía tu cara pintada de salmón en un cuarto con una sola salida de la cama, con una mano que en secreto me usurpa mis dones de varón, mi castillo es simple y cobarde.
Mi castillo te desea desnuda en cada habitación de su Torre del homenaje, mi castillo es simple, es fácil, mi castillo es esa penuria de sillones vacíos y sexo entre minutos asediados.
Mi castillo es un niño que recién despierta, una mano húmeda en una cama sin sábanas, mi castillo es tan puta como la velocidad de tu desnudez, mi castillo se vuelca dentro de tus cauces y no pide reprimendas…mi castillo es eso, un abroquelado recuerdo desdibujado en la blanda arena del mar.
Mi castillo te pide y te nombra. Te pide perdones en capillas mal empotradas en la historia.
Mi castillo antes de la batalla te reza, durante te maldice y luego te llora… mi castillo es eso, un abroquelado recuerdo desdibujado en la blanda arena del mar.
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