lunes, 5 de marzo de 2012

Liquidación por cierre

Las tormentas, todas ellas, me recuerdan como por obligación a esas tardes en el pasto. Prendido a tu cintura después del naufragio, soportando el embate de las olas y el frío gélido del mar.
Al pasto de cualquier lugar, incluso pasto de cemento, pasto de muros donde se hace el amor cuando pendejo, pasto de horas de música en silencio, pasto de colchón, marihuana y vino tinto, chocolate, manos firmes y siluetas de atardecer.
Pero solo cuando hay tormenta me pasa esto…el resto de las jornadas pesan. Acuestan mi semblante hasta putear al borde del lagrimeo, jornadas donde recuerdo vagamente lo que soy, muy fuerte lo que fui, y ganas de recordar lo que nunca seré.
Allá, en aquel pasto, las vísceras no hieden, las esperas son deliciosas y siempre hay hembras o machos dispuestos a satisfacer los más bajos instintos debajo de las cinturas. En aquel pasto el “te amo” te lo dibujaba con saliva en la espalda, el te amo no se decía a menos que hubiese tormenta y tus mejillas hinchadas pegaran contra el ventanal a la playa…en aquel pasto todos tus pechos se desviven por ser besados, todas tus manos abrazan algunas de mis caricias, en aquel pasto todos tus deseos son los míos, se cagan de risa de lo bueno y lo malo, se hartan de esperar y se aman sin preguntar ¿por que? ni ¿cuándo?...
Aquel pasto te lo llevaste pegado en tus zapatillas, y ahora sabremos que desparramas tramos de esta historia cada vez que chancleteas por tu cuadra.
Pero solo cuando hay tormenta…como hoy!!!

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